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La nuclear levanta pasiones a favor y en contra en la COP25

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La lucha contra el cambio climático solo tiene un objetivo: que deje de aumentar la temperatura global de la Tierra y para ello hay que reducir las emisiones de CO2.  Por eso, el sector nuclear mundial se posiciona como un a energía quees favorable para cumplir con los objetivos climáticos e incluso el IPCC (Panel Intergubernamental de Cambio Climático) y la Comisión Europea argumentan a favor.

Sin embargo, en la Cumbre del Cambio Climático (COP25) que se está celebrando en Madrid se ha demostrado que no todos los participantes en esta lucha piensan igual. Durante la Jornada organizada por Foro Nuclear, «No time to lose – Why the world needs all low-carbon energy sources to achieve its climate goals», los ánimos se han caldeado entre defensores y detractores de la energía nuclear.

Los expertos en energía nuclear han defendido que su sector es necesario en la lucha contra el cambio climático ya que las centrales producen una energía «limpia y sostenible», además de ser rentable, porque es la más barata que existe, y abastece a mucha población. El presidente de Foro Nuclear, Ignacio Araluce, ha explicado que la nuclear debería estar en las políticas energéticas de los próximos años porque no emite CO2 a la atmósfera.

Araluce también ha defendido que la nuclear es una de las más competitivas porque la innovación está proponiendo nuevos reactores mucho más eficientes, «desde que se construyeron las centrales hace 20 años hasta ahora, han cambiado tanto que no se las reconoce». Y respecto a su sostenibilidad ambiental, también cumple con ese criterio, porque pagan por sus residuos, de hecho, «es la única que lo hace».

Además, ha querido resaltar la diferencia entre las bombas nucleares con la generación de electricidad, «dos tecnologías totalmente distintas», y que probablemente sea una de las razones del rechazo de una parte de la sociedad.

En el encuentro también participaban la coofundadora de Nuclear for the Climate, Valerie Faudon, la vicepresidenta de la European Nuclear Society-Young Generation, Jadwiga Najder y el presidente de la Global Iniciative to Save Our Climate, Sebastien Richet.

«Actualmente hay 449 reactores en operación en el mundo en 31 países, y otros 53 nuevos reactores se encuentran en construcción en 19 países», ha dicho Richet, y según el informe ‘Nuclear power in a Clean Energy system’ de la AIE, el desarrollo de la energía nuclear debería progresar al triple del ritmo al que lo ha venido haciendo.

«Solo el desarrollo de la energía nuclear, que incluye el reprocesamiento y los reactores de cuarta generación, junto a la bioenergía y la captura y almacenamiento de carbono, el uso del vehículo eléctrico y, en cierta medida, el uso de otros modos de producción de energía en áreas remotas, tienen el potencial de satisfacer los principales ODS al tiempo que abordan la urgencia del cambio climático», ha concluido.

Por su parte, Valerie Faudon de Nuclear for the Climate ha hecho una comparativa entre el impacto ambiental que están teniendo las áreas donde hay minas de materias primas necesarias para la fabricación de baterías (coltán, cobalto, litio, etc.) y los límites y el ratio de algunos elementos entre el nivel de consumo y las fuentes necesarias. «Las limitaciones las encontramos en los metales para la fabricación de paneles solares, en las tierras raras para la eólica, esas mismas tierras raras y en el litio para las baterías, en la biodiversidad para la biomasa, en las ubicaciones para la hidráulica, en el uranio para la tecnología nuclear convencional, pero no hay ninguna limitación para las centrales de IV Generación».

Tras su exposición ha llegado la hora de las preguntas del público. Casi todos los participantes aprovecharon su turno para hacer duras críticas sobre la energía nuclear y se cuestionaban las bondades de la tecnología. La mayoría del auditoría incluso aplaudía en cada intervención.

Una de las cuestiones que se puso sobre la mesa fue el de la seguridad de las instalaciones. Mientras no se cuestionaba que así fuera en los países occidentales, se dudaba que se siguieran los rígidos y estrictos protocolos en otros países con pocas garantías democráticas.

El ambiente se caldeó aún más cuando una participante proveniente de California les acusó de que «mentían» en relación al uso de esta energía, y que no tenían en cuenta los residuos radiactivos cuyas consecuencias perduran durante miles de años en la naturaleza o los posibles accidentes nucleares, aludiendo a casos como el de Fukushima, con graves perjuicios para la salud de la población y el medio ambiente.

Otros relacionaron la energía nuclear con la muerte de miles de personas como consecuencia de la bomba nuclear. Araluce ha recordado que nada tienen que ver las armas nucleares con la generación eléctrica con centrales nucleares. «Lo único que tienen en común es la palabra», ha dicho, «se puede usar el metal para comer con la cuchara y para pegar tiros con una pistola» y nadie se cuestiona dejar de usar metales.

La polémica sobre si se debe apostar por la energía nuclear o no en la lucha contra el cambio climático sigue encendiendo la mecha del polvorín. Lo ocurrido en la COP25 es solo una muestra del debate social que tiene una difícil solución si hay que elegir entre reducir lo máximo posible las emisiones de CO2 o asumir los riesgos potenciales de esta tecnología.

Fuente:
https://elperiodicodelaenergia.com/

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