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La creciente dependencia del gas natural estadounidense

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Muchos ven como un gran peligro depender de Estados Unidos, sin ver que Estados Unidos también depende de México, opinan Verónica Irastorza y John McNeece.

(Expansión) – La importación de gas natural ha crecido dramáticamente, pues es un combustible relativamente barato y limpio. Hoy importamos cinco veces más que hace 10 años. El presidente Andrés Manuel López Obrador quiere aumentar la producción doméstica, pero no es claro que esto sea posible.

México continuará dependiendo de manera prominente del suministro de gas natural de Estados Unidos, pero esto no es necesariamente malo. Somos vecinos del mercado de gas natural más líquido y barato del mundo. En Europa pagaron 210% más que en Estados Unidos en el primer cuarto de 2019.

Aunque el gas ya puede licuarse para transportarlo, las plantas para licuar en Estados Unidos aún son limitadas y el proceso eleva el precio considerablemente. Para transportar gas a México se pueden usar ductos, sin necesidad de licuarlo. Contamos con una extensa y creciente red de gasoductos para la entrega de gas estadounidense a México, incluyendo el nuevo ducto marino.

Según datos de la Secretaría de Energía (Sener), el consumo de gas natural en México aumentó casi 30% en la última década, mientras la producción nacional se quedó atrás. Este año, hemos importado alrededor del 70% del gas que consumimos. En el sexenio anterior, la Sener proyectó que se revertiría la caída en producción nacional bajo un “escenario de producción máxima”.

Según este escenario optimista, la producción se duplicaría en 2032 y, por lo tanto, la importación disminuiría. En contraste, la Agencia de Energía del gobierno americano anticipa una menor producción mexicana y exportaciones de más del doble de lo que estima la SENER.

El Plan Nacional de Producción de Hidrocarburos de López Obrador contempla un aumento de la producción de gas natural más allá del “escenario de producción máxima”. El presidente ha manifestado querer revivir a Pemex y básicamente recae en Pemex la responsabilidad de aumentar la producción. Sin embargo, la empresa estatal enfrenta problemas presupuestarios y de ejecución.

Aunado a esto, es mucho más rentable extraer un barril de petróleo que el equivalente en gas y la prioridad del gobierno está en refinar. Pareciera que el gas queda en segundo plano. El presidente también ha manifestado en repetidas ocasiones su rechazo al fraccionamiento hidráulico o fracking.

Su rechazo resulta contradictorio ya que la mayoría de los recursos prospectivos de gas en México son no convencionales, es decir, requieren de fracking para su explotación.

Muchos ven como un gran peligro depender de Estados Unidos, sin ver que Estados Unidos también depende de México. La producción de gas natural en el país vecino sigue creciendo sustancialmente, mientras que la demanda interna crece más lentamente y de hecho cayó entre 2016 y 2017.

Los productores de gas natural necesitan exportar para evitar un colapso de precios. La mitad de las exportaciones de gas estadounidense van a México. Aun con la construcción de terminales de gasificación para exportación a Asia y Europa, van a tener que enviar gas hacia el sur. Esto no quiere decir que México no deba tratar de producir su propio gas (de lograrlo a precios razonables) y reducir su consumo (creciendo la producción de energía renovable).

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